Entre la popularidad y la calidad

Hace algunas semanas, en mi perfil personal de Facebook realicé una publicación, un tanto en broma, en la que utilicé el superlativo la mejor rondalla, no para decir cuál era la merecedora de tal título sino, por el contrario, para decir qué agrupación no lo merecía.

Los comentarios no se hicieron esperar, con posturas a favor y en contra, como sucede con cualquier otro tema considerado controversial. Sin embargo, hubo un hilo particular que me hizo pensar en algunas cosas que hoy quiero compartir con ustedes acerca de la buena música y los gustos musicales.

Para ello, pido se me permita iniciar con una breve analogía.

Un tipo de Coca-Cola para cada Momento | Coca-ColaTodos conocemos el contenido de esta botella. Se trata del refresco (o soda, para algunos) de mayor popularidad en México. Nuestro país ocupa un nada honroso lugar dentro de las naciones que más consumen este producto.

La empresa que lo produce ha tenido que hacer cambios en su fórmula para que el contenido calórico de esta bebida sea el menor posible, disminuyendo así el daño a la salud. Pero seamos honestos, ¿cuántos de ustedes considerarían que la Coca Cola es un producto saludable?

No hace falta ser un genio para encontrar la relación entre el consumo de este refresco y los altos índices de obesidad y diabetes en nuestro país.

Pero en esta misma línea de honestidad, díganme, ¿a poco no es deliciosa?

Pocas cosas se llevan tan bien con los tacos, la pizza, las hamburguesas, los burritos, las chalupas y una interminable lista de manjares populares. Pocas personas le dirían que no a una Coca Cola en botella de vidrio, bien fría, en esta primavera.

El punto al que quiero llegar es que no existe una relación entre el gusto y la calidad del producto. Algunos me podrán decir que la Coca Cola es un producto de mayor calidad que su competidor más cercano, la Pepsi. Y es que si nos dan a elegir, la gran mayoría vamos a preferir la etiqueta roja sobre la azul. Pero sucede que el producto está bien manufacturado, pero no necesariamente sus efectos van a ser buenos para los consumidores.

El que nos guste, lo consumamos y lo identifiquemos como idóneo para muchas situaciones no convierte al producto en bueno.

Otro ejemplo son las espinacas, un alimento bueno y saludable, aunque si preguntamos a los niños y niñas, la inmensa mayoría preferirían un pastel elaborado con harina y azúcar. Pero, para nuestra salud ¿qué es mejor? ¿Las espinacas o el pastel? Todos lo tenemos claro.

Lo mismo sucede con la música. Una canción determinada puede ser muy popular, conocida por las masas, representarle un ingreso importante a su autor y/o intérprete y no por eso será buena. Por el contrario, una obra de altísima calidad compositiva puede resultar desconocida por la mayoría de personas, poco identificable y no por ello pierde las características que la hacen superior.

El punto es que sí existe música que sea mejor que otra y es posible catalogarla así por sus características, sin importar su popularidad. De hecho, actualmente, la popularidad de un grupo, cantante o tema musical sigue dinámicas marcadas por la mercadotecnia y los fines de la industria, que son fundamentalmente económicos.

Como decía, además existen elementos completamente objetivos y, por supuesto, medibles, que nos permiten saber si la interpretación de una pieza musical es buena. Por ejemplo, la afinación, cuya medición se reduce a verificar que una frecuencia sonora coincida con una frecuencia de referencia previamente catalogada como una nota musical. En términos simplistas, podemos decir que la nota La de referencia es una vibración a 440 Hz. Si no sabes de lo que hablo, te recomiendo buscar algunas lecturas en la red sobre frecuencias de las notas musicales. Spoiler alert: tendrás que recordar un poco (muy poco) de tus clases de física de la secundaria.

Entonces, decía, la afinación, es decir, la coincidencia de una vibración frente a una frecuencia de referencia es perfectamente medible, tan es así que existen dispositivos que nos pueden ayudar a verificar si un sonido coincide con el estándar de una nota musical. Son los famosos afinadores.

La cuadratura es otro elemento medible y, por tanto, objetivo. También para la generación de pulsos se cuenta con dispositivos que pueden servirnos de referencia, los denominados metrónomos.

En el ámbito de la composición musical también existen criterios para determinar si una obra es buena o no. Básicamente se trata de verificar la coherencia interna con el mundo sonoro que plantea el autor. Para ello podemos preguntarnos si las ideas musicales tienen continuidad o si se interrumpen sin más, y en este caso, si existe algún criterio artístico que justifique dicha interrupción.

Por supuesto, para poder identificar estos elementos hace falta, sino ser un especialista, al menos sí contar con una amplia experiencia auditiva y eliminar los prejuicios. El que existan elementos objetivos para medir la música no significa que sea sencillo detectarlos o que cualquiera pueda hacerlo. También existen métodos objetivos para identificar células enfermas y no por ello cualquiera puede realizarlo.

En la música, como en la vida, no existen sólo el blanco y el negro, hay una serie de matices diferentes. No existe una canción completamente mala o completamente buena, existen ciertos rangos aceptables e instintivos de errores.

Si escuchamos de manera atenta algunas grabaciones en vivo de, digamos, la Rondalla Inspiración de Orizaba, por mencionar un ejemplo, encontraríamos pequeños errores, sin embargo, esto no les quita una pizca de calidad. Sus interpretaciones están por encima del 90% de perfección, lo que es más que suficiente para todos los públicos.

El punto es que el gusto no tiene nada que ver con la calidad de la música. Igual que sucede con la comida. Te pueden servir un plato de lo más saludable y balanceado, pero si no te gusta, no habrá manera de convencer a tu paladar para que te guste. Podrás comértelo por quedar bien con quien te lo preparó o porque sabes responsablemente el bien que te hará, pero no vas a disfrutar la experiencia.

De igual forma, no tiene que gustarte determinada música, por mucha calidad que posea. He escuchado a personas decir que no les gusta la música de Bach, porque les parece aburrida y es que esta calificación la realizan desde el gusto, no a partir de la calidad intrínseca de esas obras.

Si una obra o canción no toca tus fibras más sensibles no hay forma de que la disfrutes. Pero el que no te guste a ti y a miles de personas no la convierte en mala.

En resumen: sí existe música buena y música mala, y es posible catalogarla así mediante elementos objetivos y medibles. Pero si una canción le gusta a miles (o millones) de personas, eso no la convierte en buena, sólo la hace popular, y como ya vimos lo uno no tiene que ver con lo otro.

El consejo es que persigas la calidad en la música que haces, cuidando los elementos con que la creas y dejes que el público determine si le gusta o no. Lo importante no es la popularidad que consigas, sino que con tu música logres transmitir las ideas o sentimientos que te mueven. Es lo que hacen los artistas.

¿Tacos? Cinco con todo y una coquita bien helada, de vidrio, por favor.

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